miércoles 23 de noviembre de 2011

Mientras caías, siempre pensé que te volvería a ver, estábamos viendo las luces de la ciudad desde un balcón que no era el nuestro; nosotro nunca tuvimos balcón en realidad. Ahora me pregunto qué fue lo que tuvimos, que en ese momento era lo que estábamos a punto de dejar de tener, porque te lo llevaste, siempre te llevabas todo, los amigos, las ideas, los vueltos, las cabritas del cine, las entradas del teatro, los besos. Igual era porque yo te los regalaba.
Todos corrían y me decían que corriera yo también, pero tu sabes que no puedo porque canso, me canso rápido. Además siempre pensé que te volvería a ver. Te iba a ver al otro día para que me ayudaras a escoger un árbol, teníamos que tener uno, porque ese tipo nos dijo que encontráramos nuestro propio árbol, y lo hicimos, bueno lo íbamos a hacer hasta que te caíste. Podrías haber esperado, podríamos haber esperado hasta tener nuestro árbol, te podrías haber caído del árbol, también lo podríamos haber usado para eso.
No corrí porque pensé que te vería después, cuando todos llegaran y lloraran, te encontramos en la calle, la misma por donde anduvimos corriendo hace algunos días; sí esas veces corría y no me cansaba, tú me dabas explicaciones biológicas, pero yo prefería pensar que corría y no me cansaba porque corría contigo. Cualquiera de esas explicaciones era mejor que la tuya, tus explicaciones siempre eran mejores que las mías; la próxima vez que te viera, mi explicación iba a ser mejor, pero ahora no tenías como defenderte, asique no te di ninguna.